> Estados nativos, 2017

Especie de contranarrativa moderna, Estados nativos describe el regreso del cobre industrializado a su origen como cobre natural. Ximena Garrido-Lecca colocó en la sala un gran carretel de cable eléctrico del que se extrajeron los hilos de cobre que contiene en su interior. Estos hilos fueron a su vez fundidos, dando como resultado cobre en estado líquido que, a través de la técnica de la cera perdida, conforma los cristales que pueden verse en las vitrinas de la tercera sala. La exposición constituye el registro de un proceso, evidenciando los elementos que permiten reconstruirlo. La artista pensó otras de sus exposiciones como mecanismos en funcionamiento. En 2015, en Lima, Arquitectura del humo ponía a trabajar un horno que producía ladrillos dentro de una galería de 80m2. Los ladrillos se iban acumulando y hacían crecer barreras, murallas o parapetos, arquitecturas de estorbo y control que pueden verse en aeropuertos, marchas o recitales (cualquier lugar en donde se junte mucha gente cuyos movimientos deban ser supervisados). El uso de materiales de construcción, tan iguales como geométricos, hacía un guiño a las poéticas del minimalismo norteamericano; el material y los procesos de producción remitían a procesos artesanales indígenas.

Estados Nativos guarda, de aquel proyecto, la simple linealidad de la narración y las referencias concretas a los procesos preindustriales del trabajo con los minerales, las metodologías antiguas de hornos, sopletes y ladrillos precarios que Garrido-Lecca observó en talleres de joyeros de Lima y que reproduce en la sala. Amplía, además, la experiencia que la artista tiene en el manejo del cobre, un material con el que viene trabajando desde 2013 en obras de corte escultórico en las que el metal adquiere la forma de un tejido. Garrido-Lecca da cuenta, así, de la fuerte relación entre la minería, la industria, los procesos de racionalización de la naturaleza y la progresiva desaparición de las tradiciones artesanales que éstos implican.

Llamado “las verdaderas venas del progreso” en los folletos que promocionan la minería, el cobre ha jalonado el crecimiento de la industria automotriz y eléctrica desde principios del siglo XX. Chile y Perú son hoy grandes exportadores de este metal, que se extrae a través de enormes zanjones a cielo abierto. Es conocida la conflictividad social que el desarrollo de la minería conlleva. No existe emprendimiento minero que no desate reivindicaciones y enfrentamientos en relación con el impacto ambiental que producen la extracción y la purificación de los metales, al que se suman los efectos sobre las economías y poblaciones locales.

Es conocido también que, desde los años 90, en Latinoamérica se vive un “boom” minero. En estas últimas dos décadas, las grandes mineras, además de llevar adelante procesos de concentración apabullantes, concretaron el proyecto de transnacionalización o exportación de los riesgos ambientales. En otras palabras, trasladaron hacia países latinoamericanos y africanos sus sedes extractivas. Así, bajo el ropaje del desarrollo y el crecimiento laboral, actualizaron redes económicas del virreinato y reactivaron el imaginario colonial en relación a la minería –despertando imágenes como la del Cerro Rico de Potosí, para nombrar solo la más conocida y simbólica–, pero también evidenciaron la relación de cuasisinonimia entre neocolonialismo y economía liberal.

La minería como preocupación –y, podría decirse, como actividad económica que mejor cifra la ideología del progreso– aparece en varios trabajos de Garrido-Lecca. En 2013, por ejemplo, en Los suelos, su primera exposición individual en Lima, presentó “Yacimientos”, un video en el que podían verse las modificaciones en la arquitectura y formas de vida de la población que habita las cercanías del Cerro de Pasco, a medida que el socavón de los yacimientos avanza y va empujando a la población a movilizarse o habitar otros espacios.

Jean Genet escribió que uno de los sueños de Giacometti era realizar una de sus esculturas para luego enterrarla. Giacometti quería que fuera encontrada después de su muerte, mucho después de que su nombre hubiera sido olvidado. Podría pensarse que éste es también el desarrollo de Estados nativos: el final manifiesto del work in progress pareciera consistir en que, una vez acabado el cobre de la bobina, y una vez llenas de piedras las vitrinas, la artista –o un espectador atento– tomara una de las piedras y la enterrara nuevamente, devolviéndola, como se dice para hablar de minería, “a las entrañas de la tierra”.

Así, resonaría en el proyecto la relación de origen que la escultura mantiene con el monumento funerario –no hay que olvidar que, después de todo, la base para el trabajo de Garrido-Lecca es la escultura–, junto con lo que el trabajo de la artista tiene de luctuoso; una obra de Garrido Lecca de 2010 consiste, de hecho, en la reconstrucción de una gran pared de nichos funerarios. Se completaría además el ciclo de re naturalización del metal, el cual, con suerte y después de siglos, se disolvería en el polvo nuevamente formando, quizás, otra piedra.

Sin embargo, Estados nativos guarda en vitrinas museográficas el cobre recobrado, y de este modo deja en suspenso –y en precario equilibrio– lo que podemos entender como metáfora en cada una de las salas. ¿Cultura y naturaleza? ¿Industria y Arte? ¿Industria/producción y Museo/cultura? ¿Progreso e historia? ¿Internacionalización y localismos? Es sobre estas tensiones que el trabajo de Garrido-Lecca hace foco.

Si bien Estados nativos insiste en la inquietud de la artista frente a lo que la ideología del progreso tiene de destructiva, al revertir los procesos de extracción e industrialización del cobre la exposición parece preguntarse por las posibilidades de pensar nuevamente la relación que establecemos con la naturaleza y, en última instancia, la posibilidad de desnaturalizar la historia de la modernidad: cómo desmontar la narrativa que postula el destino manifiesto de la naturaleza como recurso y la división geopolítica de las naciones en relación a los recursos que cada una posee.

Sin ser una utopía regresiva –no hay propuesta superadora en la exposición, tampoco una elegía de lo que Hobbes llama “estado de naturaleza” –, Estados nativos es una invitación a preguntarse qué es lo que se pierde en el pasaje del cobre natural al cobre industrializado –el mismo material es una piedra que refulge como joya o se esconde detrás de la vaina profiláctica de un cable–; qué otras formas y valores posibles (sociales, culturales, económicas) contiene el mineral no explotado. Como otros trabajos de Ximena Garrido-Lecca, Estados nativos es también un muestrario de tradiciones artesanales llamadas a disolverse que se conservan, sin embargo, todavía.

Lucrecia Palacios, Junio 2017, Buenos Aires.